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Planchetisimo

Se me oxidó la Planchetta: Guía de primeros auxilios para revivirla de entre los muertos 🧟‍♂️

A ver, respirá hondo. Que no cunda el pánico. Viniste a la cocina, fuiste a buscar la planchetta y te encontraste con un panorama terrorífico: una mancha naranja, áspera y fea que cubre la mitad del hierro. Te dan ganas de llorar, pensás que la arruinaste para siempre y ya estás buscando precio para comprar otra.

Publicado
23 de junio de 2026

Pará la mano. Sentate, tomate un mate y escuchame bien: el hierro es eterno. No la arruinaste, no se rompió, solo se oxidó porque alguien (no vamos a dar nombres para no armar lío familiar) la dejó húmeda o la guardó mal. Pero la buena noticia es que el hierro tiene la capacidad de revivir como el Ave Fénix.

El tratamiento de rescate paso a paso:

Para traerla de la muerte a la vida vas a necesitar: una esponja de metal (de esas de virulana), una lija fina para metal (la comprás en cualquier ferretería de barrio por dos mangos), agua, detergente y un poco de paciencia.

  1. A rasquetear sin piedad: Mojá la planchetta y dale con la esponja de metal o la lija fina directo sobre las manchas de óxido. Acá sí vale usar detergente y darle con fuerza. Tenés que raspar hasta que veas que todo lo naranja desaparece y vuelve a asomar el color gris original del hierro. No tengas miedo de rayarla, el hierro se la banca.
  2. Lavado de purificación: Una vez que sacaste todo el óxido suelto, enjuagala muy bien con agua tibia y detergente para sacar los restos químicos del óxido y el polvillo que quedó.
  3. Secado extremo: Secala inmediatamente con un trapo o rollo de cocina. No la dejes un segundo al aire. Acto seguido, ponela arriba de la hornalla un minuto a fuego fuerte para que el calor evapore cualquier molécula de agua invisible que haya quedado en los poros.
  4. El re-curado: Como raspaste todo, te llevaste el óxido pero también el curado viejo. La planchetta quedó “desnuda”. Ahora tenés que ir directo a nuestro Artículo 1 (el de cómo curar la planchetta por primera vez), tirarle la capita de aceite a fuego fuerte, dejar que humee, enfriar y retirar el exceso.

¡Listo! Mirala de nuevo. Volvió a estar negra, brillante y lista para el combate. Un tropezón no es caída, ¡a cocinar de nuevo!

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